Aquí, como una gota que cala interminablemnte la piedra, aquí el asfalto, los soles a medianoche, el insomio, las agujas en los ojos y de pronto otra vez tienes tus párpados y repites una y otra vez que no queman y lo repites hasta que terminas creyendo que ese en el espejo eres tú o al menos tu sombra, tu olor perpetuado entre lás sábanas con las que te cubres para que la ventana no delate un nuevo dia y su noche y su dia otra vez y otra hasta que los rasguños de los dedos en la pared hagan fundir la carne con la luna (dije eso....creo que pensaba en la luz, en fundir la carne con la luz del muro y su humedad, pero al final dije luna y los labios nunca mienten, menos aún cuando callan y sólo dejan caer su hálito sobre las tumbas de los amantes vivos, o peor sobre el rostro que un gusano como una arco iris devora lentamente mientras escribe lo que no ve en su espejo)...una y otra vez la carne de los dedos, las uñas reventadas de luz, de insomnio, de sangre y pelo enmarañado entre las hojas....¿lo recuerdas? correr y arojarse contra las hojas y mirarse a los ojos y decirte: estabas tan sóla que parecias un laberinto...¿o acaso eso lo decias tú?
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