Reflejo

martes, 13 de mayo de 2008


Sombra mía,

esta poética es más simple

que el rastro de tus cabellos,

atenazado a mi columna.


tanto más artera,

que la vereda ingeniosa

de tus lamentos.

En la que transmuto mi desierto,

tan cauto y horadado,

asiduamente inútil

ante los rostros del silencio.


No busco!


Albergo la incertidumbre

bajo mi seno,

cual cría antojadiza

prendida al pezón.


Navego tus podredumbres

hasta el cansancio,

aunque pronto me ensordezca el asco.


El claustro en tus ojos,

recoge de la magulladura

al asesino

de tu sexo herido.


Insulto tus palabras,

rebuscando en mis sesos

la letrina humeante de escoria,

dispuesta a la humillación de la forma.


(cabeza gacha frente al muro)


¡ Es tan corta la cuerda

prendida de la viga

que ni tu sordera

podrá aniquilarse!


Hoy es imposible negar,

que estas meretrices

son tan tuyas

como mis espejos.


¡ Ya no me señales

como a una polilla ingenua

sobre la luz

de una mugrienta vidriera!


Las cenizas han hecho

escarnio de la culpa,

cual laberinto de peces

arremetiendo contra las olas.


(se multiplican las razones,

las arenas son escazas)


Sobre la cama:

un café amargo,

humo incandecente,

retornos muertos,

manos.


Un vago sendero húmedo

dibujando mis caderas.

El cristo blasfemo de mi cruz

es el voyerista bajo las sábanas,

una gota de ganas

jalandole la lengua al decoro,

te dice ¡basta!,

mientras increpa a tus poros con la lengua.


Luego el gemido de antaño

pudriéndose en la almohada

nuestra única lágrima

de sudores dormidos .


1 comentario:

[...] dijo...

ningún miedo
podrá corrompernos…








no veo mi nombre ahi!
tkm